Del Carmenby Rō Visual

El artista

RolandoRojas

Una vida moldeada por la curiosidad, la observación y la luz.

El artista

Mucho antes de que pintarse convirtiera en una práctica,existía la observación.

Durante su infancia en El Carmen, Puntarenas, Costa Rica, Rolando Rojas se sentaba en una banca frente al mar y dibujaba palmeras, botes y atardeceres. En aquel entonces, dibujar era simplemente curiosidad: una fascinación silenciosa por el mundo y por quienes parecían capaces de plasmarlo en el papel de forma natural.

Durante muchos años, esa fascinación permaneció latente. Su camino profesional lo llevó hacia la informática, la programación y, más tarde, el diseño digital. Sin embargo, a través de la multimedia, la animación, el color y la composición, el mundo visual regresó silenciosamente. Lo que parecía un camino distinto ya estaba formando otra manera de mirar.

No fue hasta la edad adulta cuando el dibujo volvió a su vida con una intención clara. El interés por las detalladas ilustraciones de Johanna Basford lo acercó al dibujo con pluma y tinta y a un curso breve que resultaría inesperadamente decisivo. Después de unas pocas semanas, su profesora reconoció un progreso que él nunca había imaginado y lo animó a continuar.

Aquel encuentro cambió la pregunta. Ya no se trataba de saber si había nacido sabiendo dibujar, sino de descubrir hasta dónde podían llevarlo la curiosidad, la disciplina y el tiempo.

La búsqueda lo condujo al realismo académico y a Atelier del Sol, en San José, donde se formó bajo la guía de Emilia Cantor y se sumergió en métodos de dibujo y pintura arraigados en la tradición académica. Más tarde se graduó como pintor académico: no como culminación de un recorrido, sino como base para uno más personal.

Hoy, su práctica se sitúa entre la disciplina y el descubrimiento: entre todo lo que la técnica puede enseñar y todo lo que solo puede surgir de la experiencia.

La práctica

Entre laobservacióny el lienzo.

La pintura comienza mucho antes de la primera pincelada.

Comienza al mirar: al notar cómo la luz transforma un rostro, cómo un gesto altera el equilibrio de una figura, cómo cambia un color junto a otro o cómo un detalle aparentemente insignificante puede sostener el peso emocional de toda una composición.

La formación académica le dio a Rolando una estructura para comprender lo que veía: dibujo, proporción, valor tonal, anatomía, composición, color y la construcción paciente de la forma. Estos principios siguen presentes en su obra, no como reglas que deban exhibirse, sino como herramientas que permiten hacer visible la intuición.

Rolando Rojas trabajando frente al caballete
Entorno
Mezclas de óleo preparadas en la paleta del artista
Materia
Retrato en proceso de pintura
Obra

Frente al caballete, el proceso se convierte en una conversación continua entre la intención y el descubrimiento. Una pintura puede comenzar con una idea clara, pero el lienzo inevitablemente plantea sus propias preguntas. Las formas se reconsideran. La luz se ajusta. Los colores se construyen, se retiran y se reconstruyen. Algunas decisiones son deliberadas; otras surgen únicamente al pintar.

Aquí es dondela disciplina yla intuición se encuentran.

El objetivo no es simplemente reproducir lo que el ojo ve, sino comprender qué hace que un instante merezca conservarse y buscar el lenguaje visual capaz de transmitir esa sensación.

Cada pintura se convierte así en una imagen y en un registro de atención: capas de observación, corrección, paciencia y tiempo.

Y quizá el proceso nunca termine del todo con la última pincelada. Cada obra concluida deja una nueva pregunta: algo que llevar al siguiente lienzo.

El recorrido

Nada llegó de una sola vez.

Al mirar atrás, el camino hacia la pintura no parece una línea recta.

Es una sucesión de encuentros —algunos aparentemente pequeños en su momento— que fueron revelando en qué podía convertirse el siguiente paso.

Una experiencia dio origen a otra.

Lo que comenzó como curiosidad se convirtió en práctica. La práctica se volvió disciplina. Y la disciplina abrió la posibilidad de una búsqueda más personal.

El recorrido continúa.

Hacia 2015–2017

La curiosidad regresa

Años después de haber dejado atrás el dibujo, una fascinación inesperada por las detalladas ilustraciones de Johanna Basford devolvió a Rolando al papel.

El color lo llevó a la pluma y la tinta. La pluma y la tinta lo llevaron a un curso. Y un curso de apenas ocho clases marcó un punto de inflexión.

Entró creyendo que dibujar era una habilidad con la que simplemente se nacía. Salió preguntándose qué podría ocurrir si a la curiosidad se le dieran tiempo, disciplina y permiso para crecer.

2017–2018

Aprender a mirar

La curiosidad pronto exigió una estructura más sólida.

Rolando ingresó a Atelier del Sol, en San José, sin formación académica previa en dibujo ni pintura. Bajo la guía de Emilia Cantor comenzó a estudiar los fundamentos del realismo académico: dibujo, proporción, valor tonal, forma, composición y, más adelante, pintura al óleo.

El atelier convirtió la admiración en práctica.

Lo que antes parecía una habilidad inaccesible empezó a revelarse como algo que podía estudiarse, practicarse y perfeccionarse continuamente.

2018–2021

La obra sale al mundo

A medida que el estudio se convirtió en práctica, la obra fue saliendo del atelier.

En 2018, Rolando participó en Academicismo del Siglo XXI en el Museo del Jade, en San José, y posteriormente en exposiciones colectivas en espacios culturales de Costa Rica.

Los reconocimientos de aquellos años de formación —desde el dibujo y los estudios de yesos hasta el retrato y la pintura— fueron menos una meta que la confirmación de que los años de práctica silenciosa empezaban a dejar una huella visible.

2022

Una base, no una llegada

En 2022, Rolando se convirtió en el segundo estudiante en graduarse como pintor académico de Atelier del Sol.

El logro marcó años de estudio disciplinado, pero no resolvió la pregunta central de la práctica.

Si la técnica le enseña a un artista a mirar y a construir una imagen, ¿qué permanece cuando la técnica deja de ser el destino?

La graduación fue menos un final que el comienzo de otra búsqueda: la de una pincelada, un lenguaje y una identidad visual que pudieran volverse inconfundiblemente propios.

2023 — Actualidad

Hacia un lenguaje propio

Los años siguientes trajeron nuevas exposiciones, nuevos conjuntos de obras y una atención más profunda a la relación entre la figura, la luz y la presencia interior.

En 2024, Sendero del Sol recibió una Mención Honorífica en la quinta edición de La No Bienal: una obra en la que el paisaje, la figura y la luz convergen en torno a esa presencia humana fugaz que sigue dando forma a la práctica de Rolando.

Sin embargo, el reconocimiento sigue en segundo plano frente a la pregunta que ha acompañado el recorrido desde el principio:

¿Qué queda aún por descubrir?

La respuesta no es fija.

Vive en algún lugar entre todo lo aprendido y todo lo que la siguiente pintura pueda revelar.

Etapa inicial de pintura de Epifanía
Etapa inicial de pintura de El Misionero
Etapa inicial de pintura de Rose
Etapa de desarrollo de Epifanía
Etapa de desarrollo de El Misionero
Etapa de desarrollo de Rose
Proceso de pintura de Epifanía
Proceso de pintura de El Misionero
Proceso de pintura de Rose
Etapa avanzada de pintura de Epifanía
Etapa avanzada de pintura de El Misionero
Etapa avanzada de pintura de Rose
Etapa posterior de pintura de Epifanía
Etapa posterior de pintura de El Misionero
Etapa posterior de pintura de Rose
Proceso avanzado de pintura de Epifanía
Proceso avanzado de pintura de Rose

Cada encuentro dio origen a lo que vino después.

La obra

El recorrido continúasobre el lienzo.

Cada pintura lleva consigo algo de lo que la precedió —observación, memoria, disciplina, preguntas— y abre, al mismo tiempo, la posibilidad de algo aún por descubrir.

La historia del artista es solo una de las formas de acercarse a la obra.

Lo demás pertenece al encuentro entre la pintura y quien la contempla.

Detalle de Epifanía Nupcial